El venezolano que desafía la ley y las alturas


"Muchacho, ¿tú eres loco?". La expresión la conoce bien y la ha escuchado desde hace cuatro años, cuando empezó a practicar skywalking. Su nombre es Carlos Rengifo y tiene 23 años.

A la cita llega puntual. En un café del bulevar de Sabana Grande, en Caracas, alguien se detiene a preguntarle si él es quien es. Lo reconocen, lo admiran, lo critican. "Debe ser por los videos de Youtube, aunque la verdad es que yo me la pasaba por aquí practicando. Es uno de mis sitios favoritos", cuenta.

Carlos es conocido como el primer venezolano que practica una disciplina que consiste en fotografiarse en las cornisas de los edificios -haciendo acrobacias o no- sin ningún tipo de protección. La peligrosa tendencia que arrancó en Rusia lo cautivó y desde entonces le obsesiona emular las aventuras de Oleg Sherstyachenko, pero con la medalaganaria arquitectura de la capital como telón de fondo.


Practica varias horas por la noche en su casa, en Caucagüita, una zona aledaña a la carretera Petare-Guarenas. Estudió fotografía y computación pero no pudo terminar ninguna carrera por falta de dinero, así que por ahora trabaja como limpiavidrios de edificios en Caracas: "Pero es ocasional, me gusta". Claro, no sufre de vértigo.

Terrorista

Lo primero que tiene claro es que no puede pedir permiso para practicar su pasión. Ni siquiera en su trabajo formal se atreve a solicitarle un "chance" al supervisor para fotografiarse en el lugar porque sabe que la respuesta será negativa: "Imagínate, si me pasa algo, a quien le llaman la atención es a él".


Pero eso no le impide aventurarse a otros espacios en la ciudad. Hace apenas un mes estuvo en una de las torres de Parque Central, un emblemático edificio de 256 metros de altura que figura entre los más altos de Caracas. La travesura le salió cara.


Después de subir sin permiso hasta el piso 60 de la torre este de Parque Central, un grupo de oficiales del Servicios Bolivariano de Inteligencia (Sebin) llegó para arrestarlo a él y a los fotógrafos que lo acompañaban: "Ellos exageraron un poco porque decían que éramos terroristas. Nos trataron como unos delincuentes".

"He recibido demasiadas críticas por lo que hago, demasiados insultos, demasiadas amenazas. La gente se asusta porque es algo nuevo, pues. Creen que soy un loco que sólo está tratando de llamar la atención o que me quiero suicidar. Me da mucha rabia y por eso no he recibido ningún apoyo".

Una premonición

Carlos es el menor de tres hermanos. Sus padres saben a lo que se dedica pero su madre es la que más se preocupa por lo que pueda pasarle mientras desafía las leyes, entre ellas, la de la gravedad.


La planificación de sus hazañas es de uno o dos días. Sólo una vez tuvo una lesión y fue hace como un año en su casa, mientras entrenaba en la madrugada: "Yo estaba muy cansado, salté para atrás y perdí la noción del espacio. Cuando me caí, le pegué la cabeza al piso y quedé tendido por dos horas sin poderme mover". En esa ocasión no fue al médico, dice que no le gustan.

Asegura que no tiene ningún ritual previo, pero cuenta que antes de empezar a practicar skywalking tuvo varias premoniciones: "Y algunas se han hecho realidad. Una vez soñé que sostenía a una chica en las alturas y después, cuando lo hice en la Torre de David, fue como un déjà vu. Tengo muchísimas otras ideas y todavía falta, falta mucho".



Su próximo reto es subir a una grúa en lo alto de un edificio, ir a la pluma y pasar ese tramo con los ojos vendados. La sorpresa, advierte, puede ser en una ciudad cercana a Caracas. No da mayores detalles porque sabe que su mayor obstáculo no es el miedo, sino la policía: "Aunque una de las últimas veces me sorprendieron y los tipos no me hicieron nada. No pudieron con el vértigo". Y se ríe.


Fuente: actualidad.rt.com

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