En África un surfista venezolano lleva agua a las comunidades más necesitadas


Para el año 2025, la agencia de las Naciones Unidas especializada en agua, UN Water, calculó que cerca de 1.800 millones de personas vivirán en países o regiones en las que no habrá nada de agua. Sin embargo, entre 1990 y 2010, la misma cantidad de gente ha podido acceder a facilidades de saneamiento para mejorar las condiciones.

Al venezolano Félix García, de apenas 21 años, siempre le han llamado la atención estos números. Y ahora, tres años después de haberse graduado como bachiller en el colegio San Ignacio, en Caracas, vive en Mozambique ayudando a las comunidades a tener un mejor acceso al agua.

Nacido en la capital y fanático del surf desde los 15 años, siempre le interesó la forma en la que este deporte conecta a la gente. Desde entonces, el surf lo ha llevado a distintos escenarios. En su país natal, fue en La Guaira. Afuera, siempre buscó comunidades que tuviesen alguna necesidad. Poco le interesaban destinos turísticos de lujo con hoteles cinco estrellas, como Hawaii o Australia. Félix prefiere ubicar un lugar con buenas olas pero también con carencias.

Surfeando en Nicaragua fue donde sintió la necesidad de desarrollar un proyecto para ayudar a aquellos que tienen un acceso limitado al agua. De ahí, de las olas del país centroamericano, nació Water to the People. 

“Yo surfeo y surfeando por el mundo me conseguí una realidad de muchas personas que no tienen agua y si tienen, es limitado o deficiente y eso les causa muchos problemas de salud”, explica Félix.


Su primera ejecución del proyecto data desde abril de este año, con el terremoto de Nepal. “Hace unos meses creé unos termos de Water to the People para recaudar fondos. Todo ese dinero fue a los campamentos donde estaban los doctores que atendían a las víctimas allá, para que tuvieran acceso a agua limpia”, asegura.

Luego de graduarse en Caracas, Félix se mudó a Filadelfia, Estados Unidos, para estudiar dos carreras: Ingeniería y Administración. Sin embargo, fue gracias a un voluntariado de la Universidad de Drexel, donde estudia, que aplicó para ir a Mozambique.

“En mi Universidad hay gente que aplica para irse a trabajar a África, pero yo lo enfoqué para venir aquí y trabajar en lo mío, a desarrollar mi proyecto y tener las herramientas necesarias para continuarlo“, cuenta.

Algo que no sorprende a Félix es el interés de la gente por ayudar a mantener el proyecto y por mejorar las críticas estadísticas del agua en los países más afectados. “Hay mucha gente que quiere ayudar pero no sabe cómo. La gente quiere involucrarse y cuando les cuento lo que hago, me preguntan qué pueden hacer. En la universidad vendí todos los termos”, afirma.



Lejos de Caracas y de las playas de La Guaira, Félix vive en un pueblo llamado Nampula desde hace dos meses con un compañero de la universidad. A pesar de que come arroz y pollo o carne como en cualquier lado, asegura sentirse como un extraterrestre todos los días. Cuando visitaba los mercados, le sorprendió que los primeros días la gente quedara asombrada con su fenotipo rubio y caucásico. Sin embargo, aún hoy en día, los transeúntes en la calle lo miran raro. Eso es algo a lo que nunca se va a acostumbrar y que lo seguirá a todas las comunidades a donde vaya, confiesa.

“Cuando vine para acá, la organización World Mission ya lleva bastantes años trabajando en la zona en diferentes proyectos de desarrollo: instalando nuevas bombas de agua, haciendo mantenimiento, enseñando la importancia del agua y todo lo que conlleva. Yo voy a las comunidades y trato de conectarme con la gente aunque no hable el idioma y necesite traductores“, cuenta el venezolano de 21 años.

Para Félix, las siete horas diarias que mujeres y niños tienen que caminar para buscar agua se podrían aprovechar más en la escuela y en hospitales. Sin embargo, afirma que continúa aprendiendo y que hasta abril del año que viene no tiene planes de regresar a Venezuela. Por más que extrañe las olas del litoral varguense o comerse unas empanadas de mariscos en la playa, está esperando terminar su proyecto para volver al país.

 
Entre los destinos que le gustaría visitar después de Mozambique menciona Indonesia y Brasil, porque además de ser buenos lugares para surfear, tienen muchas necesidades vinculadas al agua. 

A pesar de haber estado en Nicaragua, en EEUU, en Sudáfrica y en Mozambique, para Félix no hay nada como ver a toda su familia, que vive en Caracas. Si es en la playa, mejor. “Aunque pueda sonar cursi, ese el único lugar en el mundo en donde yo siento que estoy en mi casa. No sé cómo ponerlo en palabras, pero en Caracas yo siento que soy de ahí. Es un sentido de pertenencia“, explica.
Félix asegura que otros destinos podrían esperar y que si hay un lugar en donde le gustaría llevar su proyecto es Venezuela. Por esta razón, confiesa, busca adquirir en el país africano todas las herramientas que pueda para darles algún beneficio a los suyos.

“En los próximos meses, de aquí a abril, espero tener los instrumentos para poder trabajar en Venezuela. No necesariamente con el abastecimiento de agua. También me gustaría crear campamentos de surf para niños con bajos recursos para que después puedan alejarse de los vicios“, expresa Félix García. Mientras, cuenta los días para regresar a su país.


Fuente: efectococuyo.com



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