Rafael Tavares: un biólogo surfista que protege a los tiburones en Venezuela


Para él, la “Semana del Tiburón” es una especie de Navidad adelantada. Tiene el mar en los genes, en la piel y el corazón. Surfista y biólogo marino, investigador y aspirante al grado de doctorado en el Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, Rafael Tavarez es el fundador del Centro de Investigación de Tiburones (CIT), que durante 14 años impulsó el programa de Marcaje de Tiburones para estudiar y proteger a esta importante especie, fundamental para el equilibrio ecológico de la vida marina de nuestras costas caribeñas.

Su abuelo, oriundo de la población de Setubal (Portugal) era pescador antes de emigrar a Venezuela, y sus padres, ambos lusitanos, llegaron a Venezuela al poco tiempo de haberse casado. Las vacaciones siempre las recuerda en la playa. Rafael Tavares nació, vivió y se crió en Caracas, luego se mudó a Margarita para continuar sus estudios en la Fundación La Salle y más tarde a Lisboa, donde hizo su pregrado. Un regreso académico para hacer sus tesis de grado lo llevó a convertirse en el Jefe de la Estación Biológica en Dos Mosquises, en el Archipiélago de Los Roques por ocho años, hasta que el gobierno solicitó su desalojo en 2014.

“Mi pasión siempre fue el mar, los deportes y animales marinos. Para mí los tiburones y las rayas serían “seres perfectos”. Así que como somos muy pocos los que investigamos a estas especies, me convertí en unos de los pioneros en Latinoamérica, aunque aprendí con los golpes, como se suele decir”.

En el 2004, junto a unos compañeros que se dedicaban al buceo recreativo, deciden conformar una ONG para estudiar a los escualos. “Creamos una alianza estratégica con un operador turístico, EcoChallange, para continuar con el programa de marcaje que nació en 2001. Ellos crearon el programa de eco-turismo, que era principalmente para buzos, quienes se incorporaban a los trabajos de campo y así aportaban una ayuda a la Fundación”, repasa.

Cazón con conciencia

Defender al tiburón implica romper algunos mitos, especialmente después del retrato de villano que tiene en la cultura popular. Pero además el CIT ha tenido que emprender campañas de conciencia sobre la captura del cazón por parte de los pescadores artesanales. “Pasa algo similar con el pastel de Chucho, son tradicionales, especialmente en el oriente. Pero además no está prohibido, pero explicamos que los cazones son tiburones juveniles, son unos bebés”. Y es que el tiburón, tan fiero y amenazante, es lento para crecer y madurar sexualmente, tiene de seis a ocho crías cada dos o tres años, que pueden ser devoradas por otros tiburones, por lo que su explotación sostenible choca con la sobreexplotación.

“Todos los entes públicos que juegan en el tema de conservación deben involucrarse, pero muchos han desvirtuado sus funciones hacia el tema político, lamentablemente”, añade, sin ocultar un poco de amargura. Y es que hace apenas semanas anunció que el Programa de Marcaje dejaba de funcionar por falta de recursos para la investigación por parte del Estado y una situación económica que impide la auto-financiación que a veces había funcionado. “Un pasaje a Los Roques ahora vale 90 mil bolívares. Ningún investigador o estudiante de postgrado puede pagarlo, antes nos ayudaba AeroTuy pero se les hizo insostenible. Es que hacer ciencia cuesta mucho dinero”, detalla sin esconder su molestia.

Investigar implica la necesidad de un flujo constante de fondos, por lo que tocó muchas puertas con proyectos en entes nacionales e internacionales, pero no siempre suficientes o de largo plazo. “Cuando no  había aprobación, la comunidad del Archipiélago, los posaderos y operadores turísticos nos apoyaban con comida, con transporte”. Antes de cerrar, pudieron cumplir una última fase del marcaje con fondos internacionales.

Prohibido el aleteo

Rafael y el CIT se han anotado triunfos. Por ejemplo, la medida de prohibición total de pesca de tiburones en los Archipiélagos de Las Aves y Los Roques. Solo se permitía capturar raya y cazón a los pescadores locales y no más de cinco ejemplares al día. Se veta además la distribución y comercialización de varias especies a nivel nacional y el “aleteo”, que era la práctica de cortar la aleta al tiburón, desechando el cuerpo. Esto para atender la alta demanda de este ingrediente en el mercado asiático.

“Hacen falta las normas de pesca, por ejemplo, tallas mínimas de captura, cerrar algunas épocas como las de copulación”, detalla el investigador. “La medida de prohibición la logramos tras un año de presión”.

En defensa del escualo

Los tiburones que se bañan en nuestras costas, con sus mandíbulas amenazantes son colombo-venezolanos. Es una especie altamente migratoria que viaja entre las aguas de ambos países.
“Son depredadores en el tope en la pirámide trófica. Así que al eliminar los tiburones, se produce un efecto en cadena: el exceso de cardúmenes de sus presas van a destruir y consumir todos los arrecifes de coral, donde viven un millón de especies de vertebrados e invertebrados marinos, pero que además sirve de protección costera, para el turismo de buceo y para la pesquería”.

Asegura no ser lo que llama un “biólogo radical”, pues cree que el tiburón es un recurso que puede aprovecharse, considerando que hay una mortalidad natural de los individuos y como importante fuente de proteína para el sur humano. “Para eso hay que conocer la biología de la especie, en la que aplicamos modelos matemáticos con parámetros y valores para conocer la biomasa que podemos obtener para que se puedan sostener sus poblaciones”.

Por lo que resulta la importancia de Los Roques tras los hallazgos del CIT. En el archipiélago, los tiburones se comportan de forma distinta. Por las altas temperaturas del agua, sin cambios durante el año, abundancia de alimentos y mejores áreas de cría -en la que los cazones se resguardan sin tanto temor a ser devorados- entre los arrecifes, los tiburones tienen un crecimiento más rápido que cuando se compara con individuos de la misma especie en las costas de Florida, Golfo de México o Sudáfrica, que requieren 4 o 5 años para la madurez sexual, mientras solo dos años en aguas venezolana. “Obviamente va a dejar prole más rápido, serán reproductores eficientes,  lo que desde el punto de la conservación es muy importante porque mantendrá la población de adultos. Esto es algo único en el mundo”.


Fuente: elcambur.com.ve
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